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domingo, 22 de septiembre de 2013

Interlaken - Entrelagos

El Camino Central en Suiza

Salimos bien temprano de Brienzwiler, pues teníamos una etapa larga hasta Heitenried, nuestro destino a casi 90 Kms. El desayuno, con los diferentes panes, típicos de la zona, el queso, algo de fiambre, zumo, café y un preparado de muesli que llaman Bircher Müsli, con cereales, yogur y fruta fresca, nos dio la energía para el largo camino.

El día perfecto, soleado aunque fresco, 12°C a las 10 de la mañana. Coincidió que era domingo, parecía que habíamos salido de casa para hacer un simple entrenamiento. Además estos últimos días hemos tenido mucha suerte con el tiempo: sol y más de 20°C de máxima. Así llegamos a Interlaken, ciudad situada como su propio nombre indica, entre dos lagos, los cuales hemos ciclado de punta a punta. Seguro que echaremos de menos ir al lado del agua cuando no la tengamos. Han sido más de 40 Kms bordeándolos mientras las alturas de los inaccesibles Alpes nos acompañaban con sus lejanas y blancas cimas, con subidas y bajadas, colinas y montañas que nos hacían estar de 400 a 1000 m en el mismo día y a 400 m otra vez.


Creemos que las vacas suizas son bastante felices, porque se encuentran en un paraíso de paisaje con abundante comida. La imagen que tenemos de Heidi y la publicidad de Milka se cumplen al dedillo.

De Interlaken fuimos a Amsoldingen, Watenwill, Schwazenburg , pequeños pueblos en la ruta que invitaban a descansar un rato tumbados en la hierba de cualquier colina, mirando al valle y sacar el picnic. Finalmente llegamos a nuestra morada en Heitenried, donde Frieda y Klaus nos acogieron con una cena caliente: polenta, que nos hizo recuperar las fuerzas. Tienen una perra juguetona, Jaca. Klaus ha hecho el camino en España, así que la conversación la podeis imaginar.

En el cuarto día en Suiza, nuestras ruedas apuntaron hacia Friburg, la primera ciudad importante en nuestro itinerario. La visitamos durante varias horas, en nuestras subidas y bajadas conocimos a Marcos, un sevillano gracioso -como no podía ser de otra manera- que nos saludó al ver la bandera española. La ciudad tiene grandes desniveles y está rodeada de puentes que sortean los valles de su alrededor. Nos sorprendió, nada sabíamos de este Friburgo suizo, pero es muy atractiva. Su catedral lleva el nombre de San Nicolás. Aquí se empieza a hablar francés, luego teníamos que cambiar de chip. Es curioso esto de Suiza, un país sin lengua propia, parece como inventando.




De Friburg siguiendo la ruta compostelana, encaramos a Romont, pueblo que da nombre a la región. Aquí nos han acogido Geraldine, Olivier y Raphael un suizo que habla español, amigo de la familia, aunque parecia el dueño de la casa. Geraldine y Olivier han realizado varios viajes por el mundo y están preparando una aventura americana-asiática que les va a llevar un año de viaje y con los niños. Les deseamos que todo les vaya bien, en especial con las baterías de litio.



Geraldine, Amalia y Estaban nos acompañaron los primeros metros de la etapa hacía Lausanne. La ruta 99 es la que nos ha llevado de la montaña a la costa -lacustre-. A nuestra izquierda el Mont Blanc nos avisaba de la cercanía con Francia. La ruta, muy rural nos desemboco en el Lago Lemams, cargado de niebla. Es tan grande que parece un mar. A sus orillas,  crecen los viñedos, dándole un toque mediterráneo. 

Entre viñedos y siempre mirando al Lago Leman, hemos llegado a Lausanne. Lo primero, nuestro tributo a Samaranch en el Museo Olímpico. Hemos patinado con la indumentaria de principios de siglo pasado. Tras unas cuestas más y algún que otro ascensor, alcanzamos la catedral y un dimos un pateo antes de llegar a casa de Pauline y Jo, que hace una semana vinieron de hacer un viaje de 6 meses por Europa del Este. Pauline estaba muy contenta de tenernos como su primer Warmshower, nos dedicó un plato típic suizo, Papet Vaudoise.




Tres días en Leman

Hoy hemos llegado a Ginebra desde Gland (en francés "bellota"), un pueblo a medio camino entre Lausanne y la capital Suiza. Con este es el tercer día que vamos bordeando el Lago Leman, para que veais que es grande.

El geiser artificial que sale del lago es lo primero que se divisa de Genève, al llegar. En el caso de este lago -como pasaba en el Lago Constanza y el Rhin- el que lo atraviesa es el río Ródano. Además, otro río disecciona la ciudad el Arve. Ambos, dividen la ciudad en dos,  uniéndose los cauces en "la Jonction". Varios puentes hacen la ciudad pateable, ciclable. Hay estudiantes y turistas. Se nota la cercanía de Los Alpes, que se divisan al fondo. 


La última velada en Suiza la pasamos con una familia suizo-chilena amantes de la bici. Conocimos a Luciane, Marcelo, Carlitos y Leonore, una familia muy agradable y simpática con los que pudimos hablar español en Ginebra.


No quisiéramos despedirnos de Suiza sin decir que es una maravilla ciclar por ella. Hemos tenido la suerte de disfrutarla con lo que llaman en francés "l'été indian" el veranillo del membrillo o de San Miguel, y eso ha ayudado, pero linda Suiza. Os la aconsejamos, aunque sea en plan turista.