Hamburgo-Flensburg
Abandonando Hamburgo por St. Pauli y Altona, dos barrios de la ciudad, nos dirigimos a Kummerfeld, pedanía (dorf en alemán) de Pinneberg. No habíamos entrado al pueblo cuando alguien nos pitó desde un Mazda descapotable negro. Era Martin, el hermano de Marion, una amiga que vive en el campo de Albatera. Martín nos hizo, entre piruetas y requiebros callejeros, de escolta hacia su casa.
Martin nos acogió con ganas de practicar su inglés, y durante la cena, además de hablar el viaje, lo hicimos también sobre su familia, trabajo y las fiestas que celebran en el jardín. En fin un tipo algo nervioso y muy simpático.
Al día siguiente nos metimos de lleno en la Ochsenweg en alemán o Haervejen en danés (Camino de las Vacas). Esta ruta recorre desde Dinamarca a Hamburgo una antigua vía comercial de ganado vacuno, lo que recuerda la importante actividad mercantil de Hamburgo. La Ochsenweg pasa por bosques extraordinario y prados donde pastan las vacas y otros animales salvajes como dos ciervos que nos deleitaron con ágiles saltos de huida al oirnos llegar.
Nuestra primera ciudad en esta ruta es Itzehoe, donde nos albergamos en el refugio de la Iglesia de St. Marien. Pueblo bonito y pintoresco con un antiguo monasterio (kloster) y su jardín con lago donde se permite el baño. La encargada de la Büro de
la iglesia que, a pesar de su dolor de muelas nos ayudó sobremanera.
Al día siguiente, el camino nos llevó a Rendsburg, primera ciudad importante en la ruta. Esta ciudad es punto y puerto intermedio del Nord-Ostsee-Kanal que comunica el Mar del Norte con el Mar del Este, convirtiéndose en un punto de comunicación fluvial estratégico ya que los barcos pueden pasar de Alemania a Dinamarca y Suecia sin dar una gran vuelta.
La existencia del canal, nos obligó, como ya ocurriera en otras ciudades, a entrar a la ciudad por un tunel que lo atraviesa.
Siguiendo por la ruta de las vacas, bosques, vacas, pequeños pueblos y granjas llegamos a Schleswig, nuestro destino de ese día. Desde un puente lejano ya vimos que era una ciudad pesquera, atravesada por la entrada del Mar del Este que se llama Schlei y con varias cúpulas que ascendían a lo alto.
Nos dirigimos hacia St. Johannis, donde los Andressen nos aguardaban para mostrarnos nuestro cubil. Una muy buena acogida en un barrio típico de casitas de pescadores, con un cementerio muy bien cuidado y sólo para las gentes del mar. Ya comenzaba a notarse la influencia vikinga, los rasgos de las gentes, las casas, las cúpulas de las iglesias, más pescado en la dieta... etc.
La etapa a Flensbourg iba a ser corta, así pues, antes de la partida arreglamos un par de pinchazos que estaban pendientes. Después de una calurosa despedida con los Andresse, comenzamos a rodar atravesando chulos bosques que nos marcaba la Ochsenweg. Esta ciudad constituye otro hito en el viaje, pues es la última de Alemania, es decir, frontera con Dinamarca.
A Flensburg le entra otro brazo del Mar del Este, pero que es en realidad un fiordo, o sea, un antiguo valle glacial inundado. Aquí la acogida vino por parte de la Iglesia de St. Jürgen, que nos ayudaron a encontrar los Andressen de Schleswig.
Al día siguiente, bajo prescripción médica, decidimos hacer un receso. Y es que hace unos días, tuve un pequeño accidente en la "otra rodilla" (ya lo comentamos en los Sinsabores hace unos días), que nadie se alarme sin motivo, es sólo un hematoma. Así fue como en Flensburg, la visita al doctor nos hizo conocer el sistema de salud alemán, con radiografía incluida, todo muy eficaz.
To be continued...

