Así fue como salimos de Jaca: siguiendo los rastros de piel de plátano, envoltorios y botellitas de bebidas isotónicas para deportistas, como en el cuento de "Garbancito". Eran restos de la carrera ciclista "Quebrantahuesos" con la que coincidimos ese día y que nos hizo retrasar la salida un par de horas, por orden de la Guardia Civil: "carretera cortada".
La etapa se presentaba muy emocionante. Para nosotros implicaba algo más que subir un gran puerto con alforjas. Además, cambiábamos de país, cruzábamos nuestra primera frontera en bici, cumplíamos 1000 km de recorrido en la cumbre y todo ello contemplando la grandiosidad del Pirineo.
Conforme ascendíamos, los nombres míticos aparecían. Canfranc, con su estación abandonada, nos hizo volver al pasado, después Candanchú, Astún -seguían las pieles de plátano- y por último la cima de Somport y el cartel de "Francia".
El descenso, fue suave y largo. Con los primeros pueblos franceses donde comimos (Rte. Les Voyageurs en Urdos), y casi 40 km de descenso hasta Oloron-St. Marie.
Si hubiéramos tenido que elegir un día para subir los Pirineos, ése fue ayer. Temperatura ideal, sábado con poco tráfico, el sol brillaba y las últimas nieves de la primavera nos saludaban con cascadas y ríos caudalosos.