Al cruzar el puente de la línea divisoria, con las banderas de las dos naciones, nos dirigimos a Bunde e Ihrhove, donde pasamos la noche en el Rotbuche, regentado por una alemana muy simpática.
Al día siguiente, nos dirigimos a Oldenburg, paso previo de Bremen. Ciudad histórica, coqueta y universitaria que dejamos con pena de no poder visitarla con más detenimiento, pero con tiempo suficiente de tomarnos una cerveza de trigo alemana.
De ahí a mediodía salimos a cubrir los kilómetros que faltaban hasta Bremen. El tiempo estaba amenazante ya por la tarde y antes alcanzar la gran urbe lo hizo la lluvia. Según lo previsto encontramos la dirección de nuestra acogida jacariana, casa de huéspedes en versión alemana (Gasthaus).
